domingo, 20 de julio de 2014

El éxito

Reflexión de éxito, rencor, corazón, triunfos, desdicha, bondad, aman, justicia
El éxito no siempre tiene que ver con lo que mucha gente ordinariamente se imagina. 
No se debe a los títulos que tienes, sean de nobleza o académicos, ni a la sangre heredada o a la escuela 
donde estudiaste. 
No se debe a las dimensiones de tu casa, a cuántos carros caben en tu cochera o si éstos son último modelo. 
No se trata de si eres jefe o subordinado, si escalaste la siguiente posición en tu organización o estás en la ignorada base de la misma. 
No se trata de si eres miembro prominente de clubes sociales o si sales en las páginas de los periódicos. 
No tiene que ver con el poder que ejerces o si eres un buen administrador, si hablas bonito, si las luces te siguen cuando lo haces. 
No es la tecnología que empleas, por brillante y avanzada que esta sea. 
No se debe a la ropa que usas o si gozas de un tiempo compartido, si vas con regularidad a la frontera o si 
después de tu nombre pones las siglas deslumbrantes que definen tu estatus para el espejo social. 
No se trata de si eres emprendedor, hablas varios idiomas, si eres atractivo, joven o viejo. 
El éxito... 
Se debe a cuánta gente te sonríe, a cuánta gente amas y cuántos admiran tu sinceridad y la sencillez de tu espíritu. 
Se trata de si te recuerdan cuando te vas. 
Se refiere a cuánta gente ayudas, a cuánta evitas dañar y si guardas o no rencor en tu corazón. 
Se trata de si en tus triunfos incluiste siempre tus sueños. 
De si no fincaste tu éxito en la desdicha ajena y si tus logros no hieren a tus semejantes. 
Es acerca de tu inclusión con los otros, no de tu control sobre los demás; de tu apertura hacia todos los demás y no de tu simulación para con ellos. 
Es sobre si usaste tu cabeza tanto como tu corazón; si fuiste egoísta o generoso, si amaste a la naturaleza y a los niños y te preocupaste por los ancianos. 
Es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu capacidad de escuchar y tu valor sobre la conducta ajena. 
No es acerca de cuantos te siguen, sino de cuantos realmente te aman. 
No es acerca de transmitir todo, sino cuántos te creen, de si eres feliz o finges estarlo. 
Se trata del equilibrio, de la justicia, del bien ser que conduce al bien tener y al bien estar. 
Se trata de tu conciencia tranquila, tu dignidad invicta y tu deseo de ser más, no de tener más.
 http://www.reflexiones-jarecus.com/search/label/Reflexi%C3%B3n%20de%20%C3%A9xito

domingo, 6 de julio de 2014

Discusión de los colores

Un día, todos los colores del mundo empezaron a discutir entre ellos, ya que cada uno pretendía ser el mejor, el más importante, el más bello, el más útil, el favorito de todos.
El verde afirmó: “Soy el más esencial, es innegable. Represento la vida y la esperanza. He sido escogido como la hierba, los árboles y las hojas. Sin mí, los animales morirían. Mirad el campo y veréis que soy el que más presente está.”
El azul tomó la palabra: “Tú sólo piensas en la tierra, pero olvidas el cielo y el océano. Es el agua la base de la vida. Y el cielo nos da el espacio, la paz y la serenidad. Sin mí, ninguno de vosotros seríais nada.”
El amarillo se rió ante esas palabras: “Que gracia que me hacéis los dos. Yo aporto la risa, la alegría y el calor al mundo. La prueba es que el sol es amarillo, al igual que la luna y las estrellas. Cada vez que miráis un girasol, el os demuestra que yo soy la vida. Sin mí, no habría ningún placer en esta tierra.”
La naranja elevó su voz entre el tumulto: “Soy el color de la salud y de la fuerza. Tal vez me ven menos a menudo que a vosotros, pero soy útil para las necesidades de la vida humana. Transporto las vitaminas más importantes. Pensad en las zanahorias, en las calabazas, en las naranjas, en los mangos, en las papayas,… No estoy presente todo el tiempo, pero cuando coloreo el cielo en los amaneceres o atardeceres, mi belleza es tal que se fija ya en vosotros, sólo en mí.”
El rojo que se había mantenido al margen hasta ese momento, tomó la palabra alto y fuerte: “Yo soy el jefe de todos los colores, porque soy la sangre, la energía de la vida. Soy el color del peligro y de la valentía. Siempre estoy dispuesto a pelearme por una causa. Sin mí, la tierra estaría tan vacía como la luna. Soy el color de la pasión y del amor, de la Rosa roja, de la Poinsetia y de las Amapolas.”
El púrpura se levantó y habló dignamente: “Yo soy el color de la realeza y del poder. Los reyes, los jefes y los obispos siempre me escogieron porque soy el signo de la autoridad y de la sabiduría. La gente no me interroga: me escuchan y obedecen.”
Finalmente, el índigo tomó la palabra, con mucha más calma que los demás, pero con la misma determinación: “Pensad en mí. Soy el color del silencio. Quizás no me hayáis visto, pero sin mí seríais insignificantes. Represento el pensamiento y la reflexión, la sombra del crepúsculo y las profundidades del agua. Me necesitáis para el equilibrio, el contraste y la paz interior.”
Y así los colores continuaron jactándose, convencidos cada uno de ellos de su propia superioridad. Su disputa se hizo cada vez más fuerte. Pero de repente, un relámpago apareció en el cielo y el trueno gruñó. La lluvia comenzó a caer fuerte. Inquietos, los colores se acercaron unos a otros para sentirse seguros.
Y en medio del clamor, la lluvia tomó la palabra: “¡Idiotas! ¡No dejáis de discutir y cada uno intenta mandar sobre los demás! ¿¡No sabéis que cada uno de vosotros existís por una razón especial, única y diferente? ¡¡Juntad vuestras manos y venid conmigo!!” Los colores obedecieron y unieron sus manos.
Y la lluvia prosiguió: “De ahora en adelante, cuando llueva, cada uno de vosotros atravesará el cielo para formar un gran arco de colores y demostrar que podéis vivir juntos en armonía. El arco iris es un signo de esperanza para la vida. Y cada vez que la lluvia lave el mundo, un arco iris aparecerá en el cielo, para recordar al mundo que debemos amarnos los unos a los otros.
FUENTE:
http://www.reflexiones-jarecus.com/